Ruda para escribir


 “Eres muy ruda para escribir, si no hubiéramos suavizado lo que informaste, ya nos hubieran rescindido el contrato”, me dijeron mis colegas. Este reproche me mantuvo en la depresión más de la cuenta (unas dos horas y media), tanto que debo exteriorizarla para desprenderme de ella.

Ahora que le doy vueltas al asunto, reflexiono: “A la gente no le gusta escuchar sus verdades”, no lo digo yo, es una frase de Alcides Arguedas, el poeta, escritor y periodista machista que por algún tiempo me trajo loca de amor y admiración…más amor que lo segundo.

¿Qué debía decir? ¿Qué debía informar? ¿Debí callar la mitad? ¿Quizá la cuarta parte? ¿Quizá cambiar los conceptos? ¿Dorarlos buscando otras formas?…formas, pero si sólo son eso, formas.

¿O es la esencia la que no gusta? Claro, ya sé, hay muchas formas de decir lo mismo, pero resulta que de todas formas se dice la verdad y de todas formas incomoda. Es que no es la forma, es el fondo, sin duda.

Da lo mismo entonces, decirla de una forma o de otra, la verdad incomoda y hasta duele, sobre todo cuando de por medio hay un interés susceptible de rescindir.

¿Y la diplomacia Mónica?…!Oh! la puta diplomacia. Hay que estudiarla. ¿Y la política Mónica?, ¡Ufff! la putísima política, ni hablar de ella, hay que nacerla.

Soy periodista y en mis clases de Redacción, de Ética, de Deontología y de Periodismo me enseñaron a decir la verdad, amén de los 22 años viviendo junto a mi madre de la que aprendí mucho más que de mis profes y sus cuadernos de hojas amarillas y viejas de tanto dictar lo mismo.

Bueno, vamos al punto porque hasta acá es solo la forma, la forma esencial como diría mi tutor don Alvarito Padilla Omiste. Vamos a la esencia, cosa complicada, cosa profunda, cosa jodida.

En realidad quería dar un consejo: piensa bien cuando quieras comprarte un auto nuevo. ¿Putazo por escribir “rudamente” – esencia – consejo – auto nuevo? (Creo que estoy enloqueciendo).

A simple golpe de vista (forma esencial) comprarse un auto es bueno. No tendrás problemas durante los próximos cinco años, más o menos. Yo creía eso, es mas, estaba convencida después de vivir mi niñez, adolescencia y juventud en talleres mecánicos tratando de revivir la carcacha que teníamos. Pero resulta que me equivoqué. Comprarse un auto nuevo no había sido cosa sencilla, ni te soluciona ni un problema, es mas, te crea otros que jamás imaginaste.

Te compras un auto nuevo, de paquete como dicen en Sábado Gigante, y te dan un certificado que dice que el coche tiene garantía de 5 años…algunos solo 3. Bueno, lo que no te dicen que es esa garantía se pierde si le haces el mantenimiento en otro taller que no sea el que te impone la empresa. Y resulta que cada 3 o 5 mil kilómetros debes ir –obedientemente- al taller que te han asignado. Recibes la cuenta y te arrepientes de todos tus pecados, incluso de los que piensas cometer.

Si en el taller de toda la vida te cobran X por un cambio de aceite, calcula al menos un 30 por ciento más en el taller de la garantía. Y así sucesivamente, pero claro, debes agradecer porque en el otro taller no te lavan el auto; en el impuesto es ¡gratis! Te han lavado y encerado el auto ¡gratis!…mierda, una belleza que implica que digas GRACIAS, qué amables que son.

En la carcacha de mi madre no podíamos escuchar musiquita porque la radio había “estido”. Pero cuando dejabas el auto, te ibas tranquila. Con un auto nuevo, debes sacar la radio, poner el bastón de seguridad, asegurarte de que todas las puertas estén bien cerradas y finalmente, asegurarte de activar la alarma. A eso, debes adicionar, pensar en un parqueo seguro, y de rato en rato salir a ver el auto. Todo un procedimiento estresante y agotador… la famosa seguridad.

Si olvidaste sacar la radio, y si no había un lugar seguro, te rompen el vidrio y te tiran la radio y comienza otra historia: de terror, de pánico, de miedo, de arrebato, de mierda!!!! Pero muy sutil.

Vas al seguro. Te dicen que vuelvas. Vas a la casa importadora, te dicen que no hay en stock, que debes esperar tres meses. Te la crees. Y en una semana, las lluvias te mojan el interior. Y el estrés y la pena te consumen y necesitas música para relajarte, para cantar a todo volumen y botar el estrés y las penas. Y no hay radio, solo una cosa negra con unos dientes ahí que mira tu ingenuidad, tu cojudez, tu tremenda cojudez.

Entonces cuando vuelves al seguro y vuelves a la casa importadora, te dicen lo mismo: “tres meses de espera”. Y dicen que la espera desespera y la costumbre da placer, y como estás acostumbrada a la música “voluminosa”, extrañas la radio. Extrañas los discos repetidos hasta el cansancio de Disney, o los no tan clásicos de Oxígeno, o las barbaridades que dicen los políticos en Panamericana, o mi música romántica, o mi música rockera de mi celu, o la de mi hijo, esos negros hiphoperos que no pronuncian la r ni a bala…..y entonces, vuelves al seguro y a la casa importadora….y ¡oh! sorpresa….

Acabas comprando la radio que te tiraron hace dos semanas. Pagas por tu misma radio que apareció milagrosamente. Porque en este mundo todavía hay gente honesta y buena que se entera de tu tristeza y decide hacer aparecer tu radio. Y tú como estás en estado deplorable, no tienes otra que hacerte al gil, y comprar tu radio, la que te fue robada.

Esto es escribir de manera ruda….lo demás, todo lo demás, es normal, sutileza pura.

Soy yo la ruda, la que por mí casi se pincha el negocio….yo la ruda….la realidad es inocencia pura, amabilidad absoluta, demasiada luz y bendición para nuestras almas rudas y cochinas.

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4 comentarios en “Ruda para escribir

  1. ¡Ah NO! ¡Qué ruda eres, Mónica! y dañina además de todo ¿cómo es eso de arruinarles el negocio a tus empleadores? Debería darte vergüenza.

    No me hagas caso, hermana; lo supraescrito no es más que una broma de mal gusto, de las que me salen por ser demasiado sarcástico al punto de herir los sentimientos de las personas.

    Pero tu no eres sarcástica (quizás un poquito irónica), sólo ruda y eso es lo que nos encanta de tu pluma (por lo menos a mi me encanta eso). Sigue así y no cambies tu manera de expresar lo que piensas.

    Yo tengo un blog desde hace varios años pero no escribo en él desde NI ME ACUERDO CUÁNTO, el leerte me está animando a retomarlo… a ver si me animo 😦

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  2. Victor Carrasco

    ¡Ja ja ja ja! Molmitos… Perdón por empezar con la carcajada escrita. Es que no puedo menos que reírme y sonreírme ante la cruda sinceridad con que expresas tus ideas y la observación que te hícieron tus colegas sobre ello. Me haces recuerdo a un tío mío que me decía cada vez que yo -adolescente aún- daba a conocer mi opinión, pedida o no, sobre algo de incumbencia general en mi entorno. “Es bueno ser sincero, me decía, pero tú haces doler mucho”… a mí no me venía una depresión, simplemente ignoraba su impotente reprimenda-protesta-amonestación, como adolescente que era. Más adelante, en mi vida adulta y madura, ya bien convencido de este principio básico de la veracidad y honestidad con uno mismo, yo lo inculcaba a mis hijos diciéndoles que dijeran siempre la verdad -la cruda verdad- aunque eso les costara un disgusto, un reproche o una cachetada.
    Creo que tu camino es el correcto, Molmitos. Yo no veo rudeza en tu forma de decir las cosas. ¡Caramba, si dices las cosas de la manera más fina posible! Se te van algunos condimentos por ahí, ¿pero qué sería de un buen potaje sin ajos, cominos y pimientas?… Algo insípido, chirle, laq’a. Es preferible decir las cosas de frente y con valentía a disfrazar la verdad por quedar bien ante quien va dirigida la crítica, la protesta o la observación.

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