Una buena noticia (Los Tiempos, febrero 2014)


De pronto mis dedos están helados y tiesos, cohibidos ante una mente en llamas y acelerada; pésima combinación para intentar la sexta entrada de lo que sería la columna del viernes.  Frustrada apagué el computador y decidí ponerme en posición cómoda: ver televisión con la pretensión de que algo me inspirara. Otra vez, frustrada apagué el televisor y decidí dormir: “No puedo, no puedo procesar todo lo que pasa”, le confesé al sufrido de mi marido que hace -muy a menudo- de tabla de salvación o de tablero de tiro, dependiendo mi circunstancia.

Suena el despertador del celular programado para las 6:05. Mientras  mi esposo estira el brazo para apagarlo, yo estiro el mío para tomar el control del televisor y encenderlo. El zapping me hace un tour por las revistas informativas !qué tragedia!, digo. Siento que a Álvaro se le dibuja una sonrisa melancólica como recordando aquellos tiempos de terno, corbata y maquillaje en los que la tele parecía hacerse mejor….y sin necesidad de bailar en pantalla.

Pero de pronto una noticia ilumina mi mente y calma mi pecho: Carnaval cruceño solidario; “estos cambas se pasaron”, pensé. Y me puse en posición atenta porque era, sin duda, una buena noticia.

El Comité Impulsor del Carnaval Cruceño y la Asociación Cruceña de Comparsas Carnavaleras (ACCC), han iniciado una campaña solidaria con las familias benianas damnificadas por las inundaciones. Un departamento en ayuda de otro; la fiesta grande de los cruceños destinada a apaciguar los efectos de la furia de la naturaleza en el Beni; el entusiasmo del cruceño por el baile se convierte en un buen pretexto para llevar algo de sosiego al beniano que una vez más, otro año más, es víctima del poder.

No todo es malo aunque a simple golpe de vista parece serlo. La buena noticia tenía que llegar. En medio de tanta tragedia: Pérdida de vidas humanas y de animales por las persistentes lluvias; de mujeres golpeadas por sus parejas y de la muerte de bebés en manos de sus progenitores; de ovejas víctimas de bestias extrañas que las atacan para acabar con sus entrañas como en amor adolescente; de Vicepresidente en mangas de camisa y botas entregando saquillos de harina argentina que esperan retribución en ánfora; de ocho procesos millonarios en contra del Estado por la valerosa y militarizada nacionalización de las empresas estratégicas; de las contradicciones del nuevo currículo escolar que aumenta materias y resta horas, y no vislumbra ninguna mejora esencial; y de un cielo nublado y gélido que no deja de afectar el ánimo de las personas, una buena noticia made in Santa Cruz, se constituye en el mejor calmante. No todo es malo, vuelvo a pensar; no puede serlo, insisto.

Cuando todo parece no tener sentido, cuando la realidad nos golpea hasta tumbarnos en el lecho de la desesperanza, cuando todo se toca frío, áspero o no se toca siquiera, aparece ese halo de voluntad; Dios es atrevido y pone a prueba nuestra fe. Entonces, surge la solidaridad de la gente por la gente, parte del juego divino.

Ojalá que estos carnavales sean realmente de solidaridad porque de otra forma no se podría entender que unos bailen sobre la tragedia de los otros, que zapateen sobre su humanidad, observando de palco cómo han perdido el esfuerzo de años, cómo tambalea su fe, su propia vida y con ella su vulnerable existencia.

Ojalá esta buena noticia sea sincera; que no esconda afanes electoralistas como los que se han visto aterrizar en un lujoso helicóptero esta semana.

Honesta acción solidaria para hacernos humanos. Nada más.

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