¿Quién descoloniza a quien? (Los Tiempos, 2011)


Hace pocos días, el presidente Evo Morales Ayma en su acostumbrado modo suelto de hablar, ha dicho que los nombres españoles de las escuelas deberían ser sustituidos por nombres de indígenas bolivianos, seguramente porque para el gobierno esta acción es central en el proceso de cambio y de descolonización que dice impulsar.

A partir de la intención presidencial, pensé en escribir esta columna en un idioma originario y no precisamente en el mío que es el castellano, sino en quechua, por ejemplo. Me topé con  tres problemas: primero, (lamentablemente) no lo hablo y menos escribo; segundo, ¿quién podría realizar la traducción correcta?; y tercero, -el más importante- ¿cuántos podrían leerme?

Según el Instituto Nacional de Estadística, el 85 por ciento de los bolivianos hablamos y escribimos en español; el propio Presidente se comunica en este idioma; lo hace con las comunidades interculturales (usted lector de la ciudad y usted que vive más allá), y también con los pueblos indígena, originario campesinos. ¿Los aimaras, quechuas,  chiriguanos, moxeños, chipayas, urus, chiquitanos, le entienden? Sí, porque sucede que el español es el idioma transversal que nos permite comunicarnos e interactuar entre TODOS los bolivianos.

La otra noche, escuchaba las posturas de una autoridad del MAS de apellido Túpac y la del exministro de Educación e ideólogo del mismo Movimiento al Socialismo, Félix Patzi. Túpac contaba que los bolivianos que viven en Argentina “sienten vergüenza de sus nombres”, haciendo referencia específicamente a Johnny y a otros similares tan usados hoy en día en ciertos sectores de la sociedad boliviana.  Él, muy orgulloso de su origen indígena decía ser un auténtico originario por apellidar Túpac…la autoridad lucía un polo a rayas, una parca de diseño muy occidental y se le hacía difícil disimular su alienado acento gaucho, tan típico del compatriota que se va a trabajar al vecino país.

Patzi, por otro lado, sin hacer gala de su origen y en su -a veces enredado castellano- nos dio cátedra sobre la esencia de la descolonización que en nada se relaciona con proponer cambiar nombres de centros educativos, suprimir estrofas de himnos departamentales, crear el día de la madre tierra, darle jerarquía de símbolo nacional a la whipala y bordarla en cuanto uniforme militar haya o celebrar almuerzos comunitarios en el Palacio.

Mientras escribo, reviso artículos sobre la descolonización; la mayoría de intelectuales de izquierda; la mayoría, también, realizan una profunda crítica a la idea que tiene el gobierno acerca del tema.

José Luis Saavedra, profesor universitario, asegura que “es una falacia teórica y política plantear la descolonización del Estado desde el Estado”; los funcionarios de gobierno que crean que esto es posible -da a entender- “desconocen el carácter colonial del Estado q’ara boliviano”. Saavedra se pregunta “¿bajo qué lógica puede ser posible que un ente colonialista y colonizado como es el Estado pueda descolonizarse? La consecuencia no es, ni puede ser, sino la recolonización”, asegura. El gobierno con sus “propuestas simplistas está contribuyendo eficientemente a la recolonización del Estado boliviano que solo será posible mediante una radical transformación del poder económico, político y cultural a través de la movilización y sublevación del pueblo”. Por lo visto, vamos en dirección opuesta, basta recordar la medida neoliberal que significó el gasolinazo?, ¿de cuál transformación económica, hablamos?

El etnólogo quechua Aureliano Turpo critica que la descolonización sea entendida desde el colonialismo y se concretice en la creación de Vice ministerios como el de Justicia Comunitaria, Medicina Tradicional, Defensa Social, de la Madre Tierra u otros, pero no haya sido convocado el de Educación siendo éste el llamado a impulsar el verdadero proceso de descolonización.

Turpo recomienda a los bolivianos que comprendamos el significado profundo de la descolonización para “no caer en la tentación socialista de pésimos resultados en los países donde se experimentó una administración totalitaria y de dictadura”.

Los eslóganes, clichés y demás parafernalia propagandística sirven para el spot publicitario y el arte de prensa; es otra la realidad, tanto como el origen hebreo del nombre del presidente y la incuestionable procedencia catalana española de sus dos apellidos. ¿Quién descoloniza a quién?

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