¿Qué le provoca? (Los Tiempos, 2011)


Este es el tercer intento de columna que escribo esta semana…y no me sale. Estoy devastada, debo admitirlo. Han sido días difíciles. Primero don Cayetano LLobet, especial para mí porque fue el último entrevistado que tuve en el Conversatorio,  programa de televisión que nació con tanta fuerza y libertad  que fue censurado y sacado del aire después de dos meses. Cayetano fue la gota, el cherry, no le gustó a la dueña del canal y nos suspendió. Pero nos dimos el gusto de hacer lo que creíamos era lo correcto: defender las libertades y el estado de derecho, principios democráticos que para algunos empresarios de la comunicación son lo mismo que el espacio de farándula que conducen las hermosas féminas.

Luego vino la tragedia aérea en Chile, país al que me siento muy ligada porque soy hija de chilena. Murieron 21 personas, entre ellas dos jóvenes y versátiles presentadores de televisión que de alguna manera formaban parte de mis días, algo que no entendemos pero que todos vivimos y es que esta gente a la que uno sigue todos los días en la pantalla o en la radio, incluso en el periódico, se convierte en parte de nuestra rutina.

Esta semana hicimos “dormir” a dos mascotas: un  gato con cáncer y nuestro Tuto, perrito que nos acompañó trece años y cuyo nombre dio para más de una anécdota. Fue compañero de mi hijo que tiene la misma edad.

Con los ánimos por los suelos, el miércoles supe de la desaparición de un avión de Aerocon cuyo copiloto es hijo de un vecino nuestro. Hasta este momento en el que escribo esta columna, no hay rastros de la nave y los familiares de los desaparecidos padecen un sufrimiento extremo.

Me pongo en el lugar de ellos y miro la televisión esperando buenas noticias, esperando –al menos– la cuarta parte del esfuerzo que los chilenos hacen para encontrar a los desaparecidos en la isla de Juan Fernández; espero que el Presidente o alguna autoridad se manifieste sobre nuestro avión perdido…pero nada.

Chile ha movilizado a sus Fuerzas Armadas, tiene como enemigo a la naturaleza, un mar casi siempre feroz, el archipiélago un pedazo de tierra rocoso e irregular con un clima nada amigable, son las características de la llamada isla Robinson Crusoe. Aún así, el esfuerzo desplegado por las autoridades chilenas y los pescadores de la isla, es envidiable. A los desaparecidos nuestros no se los puede encontrar porque la imbecilidad de la gente y su desprecio por la madre tierra, no deja ver más allá de las narices. Conclusión: el enemigo boliviano, el mismo boliviano.

¿Y los periodistas chilenos? Magnífico su  profesionalismo. Hombres y mujeres preparados, con facilidad de palabra, inquietos, perspicaces, inteligentes, oportunos.

Y viene la comparación con los nuestros. ¡Cuánto nos falta! Anoche (por el miércoles) me indispuse con las preguntas impertinentes e insensibles del programa No Mentirás. Le preguntaba al “soberano” que qué le provocaba saber que un avión se había caído, que qué creía podía haber pasado.  ¿Qué me provoca don José Pomacusi? asco, pena, lástima, no el avión, sino el tipo de periodismo que hace: sensacionalista, vividor de la tragedia de otros. Eso me provoca; pero, siéntase tranquilo sin embargo, porque no es el único desubicado en este paraíso del extravío periodístico en el que sobrevivimos.

Esta mañana (por ayer jueves) prendí el televisor temprano para ver si habían encontrado al avión desaparecido en el Beni. Los canales celebraban la  fiesta por el Miss Universo en el Brasil mostrando fotos de nuestra –aunque mayorcita– hermosa candidata Pinerio; algarabía porque en el estudio estarían cantando los no sé cuantitos, emoción por la próxima feria del cuy, y de los desaparecidos, nada. Y de los indígenas, lo mismo. Y de la próxima votación, menos. Todo transcurre en la joda, en qué nos provoca.

Han muerto cuatro niños en la marcha de los indígenas ¿y? o es que deben preguntarnos también ¿qué nos provoca?

Lo que me provoca es pedirle a Dios que toda esta farándula en la que vivimos y cuyos actores son las autoridades y voceros, los periodistas, acabe pronto. Eso me provoca ¿y a usted?

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