Nuestra existencia y el “Feis” (Los Tiempos, 2011)


Mucho título para lo que pretendo…en verdad.  Mi hermano detesta el Facebook; como él muchísimas personas creen que es la perdición del ser…lo respeto y no pretendo hacer que cambien de opinión. Lo cierto es que este artículo está motivado por el sentimiento que ha despertado en mí el “feis” y que además había sido contagioso porque somos millones los que utilizamos esta red para exteriorizar pensamientos e incluso sentimientos muy personales.

¿Qué nos motiva a escribir “estoy feliz porque hoy me sucedió tal cosa” o “vengo de mi primera quimio y fue duro pero aquí estoy” o “gracias Dios porque una vez más me demostraste que existes” o “eres un puto hipócrita porque apoyas el cierre de boliches a la una de la mañana” o “esta receta es una delicia y se prepara así…” o “el Presidente Evo tal cosa” o “una vez más perdimos en el fútbol y estoy cabreado de tanta derrota”?

Expresiones, pensamientos, sentimientos, experiencias de todo tipo que la persona quiere decir, decir porque quizá es uno de los pocos medios que queda para mantener su existencia, para decir y saber que aún es un ser social por naturaleza. Expresarse porque sabe que a los pocos segundos o minutos alguien responderá y dirá “me gusta” lo que dices, lo que sientes, te apoyo, te comprendo, te he leído, te he dado vida, estoy contigo, no estás sola.

¿Esto es malo, es horroroso que alguien que no sabes dónde está, no sabes quién es, dónde vive, te responda? Es, sin duda, fantástico porque  la respuesta es inmediata; te sientes escuchado; te responde el que menos piensas; te genera una sensación que no es poca cosa: que eres igual al otro, que eres igual de mortal, que no había sido pecado ser honesto, decir te amo, decir necesito ayuda, decir estoy feliz, decir estoy triste, decir hola, cómo estás…

Los expertos afirman que el lenguaje escrito no es espontáneo como el oral, que más bien es un ejercicio cognitivo complejo, pero que, paradójicamente, a través de la expresión escrita que requiere pensar y seguir normas, los seres humanos somos más sinceros, cariñosos y auténticos…decimos cosas que frente a frente nunca las diríamos, expresamos sentimientos con mucho menos reparo que en la conversación verbal, y cuando en ese marco de sinceridad y desprendimiento hay alguien que te responde, te sientes bien porque la comunicación se desintoxica de toda esa parafernalia social que tanto daño hace a las relaciones humanas.

El Facebook no es malo en sí mismo, depende del uso que se le dé y estos son variados: sirve como foro político para putear por la autoridad; para que los de la oposición te enseñen cómo votar nulo, para que tal senador o exdiputado te informe que estará en la tele; para subir noticias que reflejan las genialidades de nuestra clase política, para tumbar regímenes totalitaristas organizando revueltas callejeras, etc.

Para saber cuántos hijos tiene el amigo que no ves desde el colegio; constatar cuánto cambió y saber a qué se dedica y cómo vive…para perder el tiempo en la vida de los demás.

Sirve para tener sexo. ¡Siiii! No falta el sinvergüenza que te dice que soñó contigo anoche y se queda esperando a que le preguntes cómo fue ese sueño para iniciar una relación sexual virtual.

La forma de relacionarnos ha cambiado, lo que no ha cambiado es la esencia del ser humano porque -y compruébelo- seguimos siendo seres naturalmente sociales, comunicativos, bondadosos…y sexuales.

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