Nos violaron (Los Tiempos, 2011)


Violada. Violada me siento. Felizmente puedo contártelo…en algo calma mi angustia.

Pero tú, ¿cómo estás? ¿Cómo te sientes? Me imagino que debes estar también angustiada. En medio de tanto ajetreo propio de la época se aparecen los agresores sin que los llames, sin que muevas un dedo, sin que hagas nada. Llegaron para decidir por ti, llegaron para taparte la boca, besarte, asfixiarte, escupirte, morderte toda.

Quisiera saber qué piensas. Quisiera saber cuánto te afecta. Cuánto te hizo pensar.

Quizás estés realmente caliente y no quieras saber ya nada de él. Te hastió, te aburrió y decidiste cortar por el camino más fácil: Te bloqueaste y cambiaste de señal. Quizás digas no, no me dejo…por qué, aquí estoy, como simple mortal sin derecho a reclamo ni replica, sin derecho a voz ni voto…y hablando de votos, ¿mi voto? ¿Para qué ha servido mi voto? ¿Qué han hecho con él? ¿Dónde lo metieron, lo negociaron? Qué alguien me diga, me explique qué hicieron con mi voto…y el tuyo. Nos dijeron que en democracia nuestro voto valía. No entiendo.

Sentirás lo mismo: que pesa demasiado; el agresor es inmenso, huele mal, es abusivo, torpe y solo le interesa saciar su apetito sexual…a costa de nuestra ingenuidad.

Muchas de las víctimas tenían apenas 18 y era su primera vez. Otras ya se habían estrenado pero querían confiar en él. Primerizas y experimentadas, a todas nos abusaron e hicieron de nuestra inocencia la peor burla.

¿Y qué vendrá después de esto, te has preguntado? Yo sí pero no sé. Acaso es el inicio de todo. Qué va. Hace rato, suave, poco a poco, nos trabajan como lo hace el perfecto galán: Casi sin que te des cuenta, te distrae, te enamora, te saca a pasear, te engolosina sin empalagarte, te deja siempre deseosa…hasta que te toma y con todo su poder amoroso te hace suya…cuando te das cuenta, es tarde, eres su víctima.

Me siento un piojo…tuerto, también. Un pedazo de nada, si antes valía un voto, ahora valgo nada, ni eso valgo. Han hecho de mi voto mi agonía. Qué vendrá mañana si todo lo decidieron sin que lo autorizáramos, sin que conozcamos a los tomadores de decisiones. ¿Quién es el que está en la tele? No sé, ni idea…pero es parte del circo. El circo que muchos creyeron duraría poco y del que otros se rieron…un circo que, sin embargo, no había sido para la risa sino para la agonía, de esa que dura anos. Circo cuya publicidad emplea argumentos de legitimidad, igualdad, transparencia, competencia, honestidad, unidad, inclusión, respeto, equilibrio, equidad, armonía, desconolonización, cambio. Solo instrumentos para envolvernos y matarnos. Estratégicamente nos envolvieron entre esperanzas y promesas propias de la democracia; entre mentiras y engaños típicos de la autocracia.

Y en primera fila, reímos y lloramos ante el espectáculo: Pulgas saltarinas, van de mula en mula y según su conveniencia hacen pactos vitales dicen, trascendentales dicen y se enredan en su discurso oportunista y asqueroso, incoherente; las pulgas expertas saltarinas haciendo pactos para seguir existiendo, aunque azotadas a veces, aunque escupidas otras…no importa, la cosa es saltar y obtener el oxígeno del aparente poder.

Y en primera fila, desde arriba, ajenos al show pero principales víctimas, los demás agonizamos mientras nos arrebatan nuestros derechos más fundamentales y deciden cómo devolvérnoslos: Transformados, rehechos a su medida, envueltos en papel de desleal y abusivo consenso.

Qué pena este circo: Circo pobre o pobre circo, o circo para pobres. Da lo mismo, la mismita pena.

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