Mamá de corazón (Los Tiempos, 2011)


Hoy, día de la Madre, quiero dedicar estas líneas a esas maravillosas y admirables mujeres que por diferentes circunstancias han decidido ser madres de corazón.

Mamá biológica es regalo divino. Cuando conoces la noticia de que estas embarazada, tu vida cambia, te sientes especial, bendecida. Cuando  en el monitor del ecógrafo ves ese puntito saltar y el médico te dice que es el corazón de tu bebé; el tuyo, tu corazón parece salirse del pecho. Cuando por primera vez sientes movimientos en el vientre,  inmediatamente lo tocas, lo acaricias…te comunicas. Nada se compara al momento en el que te entregan a tu hijo… miles de veces lo miras, lo contemplas, lo amas.

Pero hay muchas mujeres que sin sentir nada de esto, son capaces de asumir la crianza y educación de un niño con el mismo amor y responsabilidad que una madre biológica…y a veces mucho más incluso.  Mujeres que a pesar de todos los intentos  y sacrificios no han logrado concebir, mujeres que nacieron para no “parir”, mujeres que aún con hijos propios, deciden recibir a hijos de corazón.

Y realmente que lo son porque sólo un corazón gigantesco es capaz de amar a un ser indefenso, abandonado o no deseado por sus progenitores. Sólo ese corazón inmenso es capaz de tomar a ese bebé recién nacido, a ese niño o a ese adolescente y acogerlo como propio.

No debe haber actitud más generosa que la de una madre de corazón: capaz de hacer todo por esa personita, por ese niño, por ese joven, y seguir haciéndolo por ese hombre o  mujer que tuvo la bendición de gozar de  una mamá de corazón, una que jamás se preguntó cómo será, qué le voy a decir, y si es muy diferente a nosotros, con qué problemas vendrá, podré amarlo. Miedos que no existen, siquiera, en la cabeza de esa mujer que está hecha de puro sentimiento. ¿Hay, en el mundo, algo más generoso, acaso?

La vida es tan maravillosa y Dios tan bondadoso, que ha creado seres divinos, hombres y mujeres como los que fundaron y/o  sostienen las Aldeas Infantiles SOS, madres sustitutas de 15, 30 o 40 chicas y chicos que dedican sus vidas a alimentarlos, bañarlos, curarlos, educarlos, hacerlos personas responsables, enseñarles el amor, transmitirles esa bondad y compasión, convertirlos en personas amadas y capaces de amar y de hacer familia, de hacer un mundo mejor en definitiva. ¡Es maravilloso!

Para ellas todo nuestro reconocimiento, admiración  y gratitud. Para mamás de corazón como  la Vero a quien conocí hace catorce años cuando ambas soñábamos lo mismo; como Patricia -mi propia madre- quien sin condiciones ni reparos aceptó ser mamá de corazón de dos niños y una niña que hoy — ya viejos– le siguen diciendo  mamá; como las de las Aldeas y otras instituciones de acogida, decenas de extraordinarias mujeres “regadas” por todo el país y el mundo que hacen más humana la vida de miles de cientos de personas; para tantas mujeres benditas…mamás de corazón: gracias por existir.

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