La pedagogía nacional ¿resuelta o pendiente? (Los Tiempos, 2011)


Creación de la Pedagogía Nacional es quizá la obra más emblemática de Franz Tamayo. Reflexionarla hoy –poco más de cien años después de que fuera escrita-  da vergüenza porque nos recuerda lo incapaces que hemos sido los bolivianos y que seguimos siendo  para plantear  propuestas educativas coherentes con nuestro pasado histórico y nuestros días futuros.

Tamayo pronostica el aplazo total. Bolivia no podrá crear una pedagogía nacional si no se mira al espejo, si no desnuda el alma de su raza, si no descubre la existencia misma del carácter nacional. Ni las ideas, ni los conocimientos –dice Tamayo– para crear una pedagogía nacional. En cambio, es necesario comprender las costumbres (creación de voluntad que se convierte en materia misma de la historia) del indio.

Sin embargo, no miremos las costumbres negativas o viciosas (solamente) porque éstas no pueden engrandecer la raza. Solo es posible trabajar con las costumbres buenas y anular las viciosas. Me quedo pensando en esta teoría: Las costumbres son la base del carácter nacional, las costumbres se cultivan, se transforman… ¿se educan, entonces? Y es verdad porque solo la educación es capaz de generar cambios profundos y perdurables en el tiempo.

Basta de creer que nuestra raza es alcohólica y perezosa, ordinaria y de mal gusto, esto cierto, dice Tamayo quien, sin embargo, nos da a entender que toda sociedad tiene sus vicios pero que es necesario considerar solo las cualidades; con éstas como objeto de estudio, los pedagogos bolivianos que además deberán ser sensibles a la psicología social, serán capaces de construir una auténtica pedagogía nacional. No lo lograrán los impostores o bovaristas pedagogos que presuman conocimiento traído/impuesto de Europa.

El autor nos recuerda, por su parte, que muchos creen que la instrucción trae consigo también la educación del carácter y la adquisición de buenas costumbres, error gravísimo porque cuando no hay un fondo moral, la instrucción es un peligro y la ciencia puede llegar a ser una plaga. El abogado de mala ley, el juez ímprobo, el periodista logrero, el político inconsecuente no son otra cosa que gente instruida, y a veces muy bien instruida, pero sin costumbres o con malas costumbres y con un carácter negativo respecto de los intereses constantes y ulteriores de la vida.

La solución entonces, advierte Franz Tamayo, no son los métodos innovadores ni  las recetas mágicas y tampoco los docentes expertos (ni las canchas deportivas). La solución se inicia en el análisis sincero y comprensión de la naturaleza de los bolivianos para, a partir de ello, deducir los métodos y las leyes integrales que soporten una pedagogía nacional (científica). Pedagogía a la medida de nuestra fuerzas, de acuerdo con nuestras costumbres y gustos y en armonía con nuestras condiciones físicas y morales.

Todos estos elementos, si son correctos, nos invitan –necesariamente—a preguntarnos mínimamente qué fundamentos filosóficos y epistemológicos sustentan la Ley Avelino Siñani Elizardo Pérez, cómo concibe al boliviano, si es capaz de delinear su naturaleza, su voluntad, su moral, sus cualidades y sus vicios. También nos obliga a pensar en la honestidad intelectual de los autores de esta Ley. ¿Tendrán los conocimientos necesarios y suficientes para indagar en aquello que permita no equivocarse en diseñar e implementar (asunto aún no resuelto) una pedagogía nacional o serán simuladores de la ciencia pedagógica que se han dejado llevar por esa pobreza radical de inteligencia científica y por su apetito de vivir bien tal como advierte el mismo Tamayo?

La construcción de una pedagogía nacional está sustentada en una energía nacional (única). Pregunta, ¿hoy nuestro Estado plurinacional, caótico, insatisfecho, corrupto, sobreviviente tiene una energía nacional?

Interrogantes que aún no tienen respuestas. Mientras tanto, el reto de construir una pedagogía nacional aún es tarea pendiente. Hoy más que nunca. Enorme el reto con tanto vicioso instituido. Hoy más que hace cien años, los pedagogos tienen que plantear soluciones concretas y certeras  para curarnos de nuestros vicios, para modificar nuestras costumbres negativas, para educar a la “raza” boliviana, a esa hoy fraccionada en 36  “partes”.

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