Desnudo en un taxi (Los Tiempos, 2011)


El 1 de mayo, además del homenaje al trabajador, se festeja el día del exalumno del Amerinst que a propósito este 2011 cumple 100 años.  Es tradición que después del acto oficial en el colegio, las diferentes promociones se reúnan en fiestas particulares o en “boliches” como La Casa de Campo. Para quienes la tarde les quedó corta y desean seguir celebrando con los amigos de la infancia  y juventud, perfectos son los karaokes, por ejemplo.

El relato que voy a contarles me dejó más que preocupada y debe servir –ojalá– como reflexión, pero más allá, incluso del cuidado que cada uno debe tener consigo mismo, debiera motivar a las autoridades policiales a iniciar una investigación porque en el cuento, indudablemente están involucrados tantos protagonistas que bien podrían recibir el título de banda.

 Y es que de la banda gloriosa de guapos jóvenes y piernudas guaripolas del Amerinst, algunos de mis compañeros de promo, acabaron en manos de una banda de asaltantes.

“Habíamos tomado”, confesó mi excompañero. Hasta ahí estamos relativamente bien, pues en nuestro medio esto es normal.  “Decidimos continuarla en un karaoke”, cuenta. Chicas y chicos se fueron a seguir celebrando los años de estudio, amistades y amores vividos en las aulas y corredores del Americano.

Después de cantos, gallos y gorjeos y mucha bebida, mi amigo que había decidido no ir en su automóvil porque sabía que ponía en riesgo su vida y la de otros si conducía de vuelta,  decidió subirse a un radiotaxi que estaba en la puerta del karaoke e irse a su casa.

“No sé cómo sucedió pero desperté en la puerta de mi casa sin camisa ni cinturón, me habían robado también el celular, la billetera y el reloj”. ¿Y no te acuerdas de nada?, le pregunte. Nada.  Evidentemente, el hombre había sido pildoreado (drogado) en el local.

Al día siguiente, se encontró con la noticia de que a su amigo le había sucedido exactamente lo mismo. Tomó otro taxi, también del karaoke, y llegó en idénticas condiciones: con solo los pantalones puestos.

Haciendo las averiguaciones del caso, decide comunicarse con el dueño de la empresa de radiotaxi, inmediatamente dan con el chófer. En solo minutos, su reloj, celular, cinturón y demás cosas robadas, le fueron devueltos.  “De callado, ese ratito me devolvió todo”.

Hasta el día del relato, no sabemos qué les pudo haber pasado a las mujeres, a nuestras excompañeras de curso, hoy madres, esposas, hijas, hermanas. ¿Habrían sido asaltadas de la misma forma?  ¿Y si incluso las violaron? Quizá nunca lo sepamos porque esas cositas se las lleva en silencio, en silencio que perturba, que mata.

El tema de la inseguridad a la que todos estamos expuestos, lamentablemente no es asunto de Estado. Las autoridades departamentales y nacionales están ocupaditas en asegurar sus curules y sillones por otros 10 años más,  “metiéndole” a normas legales que les allanen el camino de la reelección una y otra vez…hasta que de viejos y llenos de dinero, se retiren a pasar su vejez en traje de buzo, igual que el padre Fidel.

El tema de la (in)seguridad en realidad no preocupa. Sólo es noticia en tabloides y demás pseudoinformativos, pero es desgracia para los ciudadanos. Si esto no fuera cierto ¿por qué nuestras autoridades no deciden una estrategia para incrementar el número de oficiales para Departamentos como Cochabamba que tiene la ridícula, vergonzosa e insultante cifra de 1 policía para 470 personas? Inadmisible. Tenemos más políticos y funcionarios públicos que policías por ciudadano. ¡Con razón, no se los ve!

En La Paz,  están en cada casa de político, de Embajador o de rico empresario, por lo menos ellos están seguros. En Cochabamba, ni lo uno ni lo otro.  No hay, no están. Una pena y una vergüenza más para el departamento. ¡Viva la autonomía!

Anoche fui a la feria. Entre tanto de lo mismo, en la puerta de salida, en el oscurito, un policía disfrutaba la noche abrazado a una guitarra…tocaba bien.

Exigimos, reclamamos…imploramos que el tema de la seguridad ciudadana se ponga en agenda. Imagínese llegar pelado a casa….o no llegar.

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