También el cuarto poder agoniza (Los Tiempos, 2010)


Si usted analiza un noticiario nacional, cualquiera, podrá comprobar la pobreza del trabajo periodístico limitado a transmitir lo que la clase política quiere.

El tratamiento periodístico se somete al nuevo paradigma boliviano de la producción de la noticia: En televisión, notas muy breves (1 minuto y 10 segundos como promedio), sin contraparte, sin análisis, sin investigación, sin seguimiento, diversas (como para evitar el aburrimiento), facilonas, vulgares, folklóricas y sensacionalistas; en radio, lo mismo vale una nota periodística que un chisme de farándula o una piecita musical para amenizar; en prensa escrita, si bien el mismo medio exige un manejo más riguroso de la técnica periodística, es también evidente la superficialidad del tratamiento y el desequilibrio entre espacio/noticia y espacio/publicidad, amén de la tendencia a destacar lo visual.

En mi entender, tres son los responsables: los medios, las universidades y la sociedad. 1) Los medios. Si usted investiga sobre cuántos trabajadores de la prensa son titulados por la Universidad, encontrará que muy pocos cuentan con título y aunque si bien tienen alguna formación académica, ésta no ha sido acreditada. Se trata, entonces, de trabajadores baratos que en su calidad de practicantes o graduados, le cuestan menos al medio, tanto menos que algunos reporteros trabajan a cambio de una o dos cuentitas publicitarias que deben –además- ser conseguidas por ellos mismos. Cabe la pregunta, ¿cuánto está dispuesto a invertir en recurso humano calificado un medio de comunicación? Al parecer,  no son pocos los empresarios que aplican la fórmula económica costo/beneficio, beneficio que implica que este recurso barato no exige ni cuestiona por lo que tampoco compromete las cuentas (propaganda) del gobierno o de algún otro cliente poderoso; beneficio que tiene que ver, también, con el monto facturado Vs. calidad del periodismo producido.

2) Las universidades. Si usted pregunta a estudiantes de cualquier carrera de comunicación y/o periodismo por  qué escogieron dicha profesión, le responderán porque les gusta comunicarse, les encanta el periodismo deportivo, porque son buenos para relacionarse, porque quieren ser presentadoras de televisión, porque les gusta el teatro y el baile o porque siempre fueron malos para la matemática.  Hay una diferencia interesante sobre las expectativas de los que estudian en la estatal de los de la universidad privada: En esta última,  pocos (quizá ni uno) quieren dedicarse al periodismo porque piensan que la profesión no es bien reconocida, ni social ni económicamente, y tienen algo de razón porque saben que en la mayoría de los casos percibirán  un sueldo de ochocientos o mil bolivianos y a riesgo de terminar en la cárcel por cinco años.

En este entendido, la responsabilidad de la universidad, guste o no, pasa por seleccionar a los estudiantes  que están dispuestos a  ejercer la responsabilidad  social de la profesión, y desechar a los que simplemente son buenos bailarines y malos matemáticos. La universidad tiene la obligación de ofrecer programas actualizados, de penalizar la flojera y el plagio y de premiar el esfuerzo, la honradez y la valentía, sobretodo en la carrera que nos ocupa.

3) La sociedad. ¿Exigimos calidad informativa o decidimos cambiar de canal, conocemos lo que pasa al menos en el país; tenemos conciencia de lo que hacen nuestros gobernantes, conocemos el alcance de los decretos y leyes que se fotocopian en Palacio, sabemos de su impacto/beneficio?, ¿nos damos cuenta de que hay periodistas creadores de verdad, de lo fácil que había sido envolver la realidad en papel de mentira?

Como actores del proceso comunicacional, debemos exigir  a los medios de comunicación acatar su misión social con conocimiento y responsabilidad; a los centros de formación académica dejar de profesionalizar bailarines y modelos con títulos de comunicadores y periodistas; al primer mandatario dejar de meterse con la libertad de expresión y prensa para lo cual sólo debe recordar quién lo hizo Presidente.

La información es un derecho pero también una obligación ciudadana y si usted lo entiende así, sabrá que debemos defenderla. Ninguna sociedad debe permitir que el  “cuarto poder” agonice, porque ese es su poder, el poder del pueblo, aquel que lo hará libre.

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