El precio de la superficialidad (Los Tiempos, 2009)


Hace días que venía aguantándome las ganas de escribir sobre lo que ocurre con el periodismo televisivo boliviano y que, en definitiva,  produce  vergüenza.

Voy a abordar un solo hecho para justificar lo que sostengo: la reunión de la ALBA, pero antes permítanme realizar un breve análisis de los males que aquejan al periodismo del siglo XXI.Imagen

La superficialidad y el extravío del periodismo televisivo tienen varios orígenes: en algunos casos es congénito (debido a la falta de preparación y/o profesionalismo de los informativistas llámense jefes de prensa, coordinadores  o  periodistas);  inducido (por  identificación ideológica,  por la falta de valor para  decir las cosas tal como son o por la comodidad de seguir al rebaño);  o financiado (¿qué opción tienen los integrantes de los departamentos de prensa, cuando sus  sueldos salen, precisamente,  de la venta de espacios publicitarios a organismos estatales?). Entonces, son varias las razones por las que a los periodistas no les queda otra que circunscribirse a lo permitido y autorizado por el  presidente, gerente o director del canal. Eso, en términos elegantes se llama la filosofía del medio, eso en términos prácticos se llama censura que al ser implícita termina siendo autocensura y la autocensura llega hasta nuestros hogares disfrazada de superficialidad.

A ver, ¿no es superficial dedicar el 80 por ciento de una entrega informativa a mostrar cómo llegan los presidentes al aeropuerto Jorge Wilsterman, de qué color es el avión, dónde está protocolo, a qué dirección apunta la alfombra roja, quiénes esperan en la plataforma?, ¿o mostrar las fachadas de los hoteles en los que se hospedarán las comitivas presidenciales, en qué piso se sitúan las suites que ocuparán, qué comerán, cuántos jaboncillos tendrán en su tocador y el color de las flores que adornarán las habitaciones? Por favor señores periodistas, eso NO es lo que queremos ver.  La gente pensante quiere saber por qué vienen en plena etapa electoral, los pormenores de la agenda que se va a tratar, por qué no llegaron todos los presidentes convocados, la viabilidad y seriedad de lo acordado, su verdadera necesidad y utilidad para los países involucrados, etc.

Y bueno, si insisten en destacar los adornos ¿por qué no se preguntan sobre la intencionalidad que hay detrás del enorme arreglo floral del salón del Gran Hotel Cochabamba que decía Coca no es cocaína? Los organizadores (masistas, está claro) tenían millones de frases o consignas, pero la que pusieron da, ciertamente, mucho qué decir ¿por qué no se lo hace?

Y entonces, cuando una periodista valiente, honesta,  preparada y que quiere hacer periodismo serio, responsable y profundo pregunta al “dueño” de la ALBA sobre si Venezuela financiará la campaña del MAS, éste la increpa, la ofende y le dice inmoral como tratando de ridiculizarla y  atemorizarla.

Ese pues es el precio de un periodismo superficial y  extraviado que de alguna manera le es útil al gobierno actual.  Al parecer, Hugo Chávez está acostumbrado a que en su país, así como en el nuestro, los periodistas le pregunten qué tal el viaje, qué le pareció el menú gourmet y cuán cómoda estuvo la cama que el capitalismo (y los esfuerzos privados)  pone a su disposición.

Yo no quisiera pensar que las autoridades del socialismo del siglo XXI se han acostumbrado a ese periodismo cojudo y servil, aunque estoy a punto de hacerlo  pues el diputado oficialista Silva ha manifestado, de manera textual, que la respuesta del mandatario ha ido en “equivalencia a la pregunta de la periodista…que ha sido una pregunta con clara tendencia política”.

Sencillamente vergonzoso, ¿o no, profesor Iván Canelas, qué dirá usted estimado licenciado?

Para terminar, o nos ponemos serios los periodistas televisivos, o mejor nos vamos a nuestras casas como hizo esta humilde servidora, porque si los insultos, advertencias, amenazas o desplantes de nuestras autoridades han sido una constante durante estos cuatro años de gobierno, a partir del 6 de diciembre, como van las cosas, acá en Bolivia, (como en Venezuela, Argentina y Ecuador), los periodista tendremos nomás que hacer de la superficialidad y el extravío nuestras tablas de salvación tirando a la basura los principios básicos del periodismo. Aquel que debería hacernos ciudadanos libres.

(En la foto, con un gran periodista y comunicador, don Luis Ramiro Beltrán: La Paz, 2014)

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