Devaluación moral (Los Tiempos, 2010)


A diario se escuchan historias y se ven situaciones que nos llevan  a reflexionar sobre cuál debe ser nuestra actitud como padres para intentar guiar por buen camino a nuestros hijos.

La escandalosa devaluación moral de la sociedad boliviana se ve en las actitudes de madres y padres permisibles  que, con razón y también sin ella, quieren creer que lo que cometen sus hijos son travesuras y no delitos; en instituciones educativas cuyas direcciones  minimizan las faltas graves de sus estudiantes por miedo quién sabe a qué; en las principales autoridades de gobierno que se rasgan las vestiduras porque un religioso “denuncia” una verdad a gritos.

No se puede creer que existan padres que defiendan a capa y espada a un grupo de adolescentes  de un establecimiento educativo de nuestro medio cuya diversión consistía en encerrar en el baño a otros niños menores que ellos y obligarlos a simular posiciones y movimientos sexuales, y registrar la hazaña en sus celulares.

“Ha sido una travesura”, me dijo una mamá; “quién eres tú para apuntar con el dedo a ese niño sabiendo que tu hijo podría hacer lo mismo”, insistió la señora. Si ése es el argumento, entonces nadie podría señalar  a ningún delincuente por temor a que uno de los suyos cometa lo mismo algún día. Es obvio que ése no debe ser el principio puesto que lo que debe primar es la conciencia que debemos tener los padres respecto del tipo de educación que les damos a nuestros hijos y los valores que les  inculcamos con el ejemplo. En el peor de los casos, si aquello no funcionara, los padres debemos ser lo suficientemente maduros y honestos para poder diferenciar una travesurita de un acto morboso, abusivo  y atentatorio contra la dignidad de las personas.

La directora, por su parte, ha hecho su mejor esfuerzo para reducir el escándalo. Me pregunto, ¿qué estará pasando por la psiquis de esos niños cuya inocencia quedó atrapada en los celulares de quienes los tomaron por la espalda y simularon una penetración homosexual? ¿Qué estará pasando por la psiquis de quienes planificaron el abuso? ¿Cuán fuerte se estarán riendo al saberse protegidos por sus padres, su directora y su comunidad educativa?  ¿Se puede siquiera hablar de cuál será la sanción si se pone en duda el delito confundiéndolo  con una simple travesura?

Usted dirá por qué me escandalizo de esta forma con algo que ha sucedido en un colegio cuando nuestros gobernantes y sus aliados cocaleros le han dicho de todo a monseñor Solari por haber denunciado que en el Chapare hay menores de edad  involucrados en el tráfico de drogas. Que tiene 48 horas para dejar el país, que confunde zancudos con avionetas, que la Iglesia no tiene moral por las historias de abuso sexual de algunos de sus miembros, que ha dañado la integridad de todos los niños en el Chapare. Tantas cosas, que el Monseñor tuvo que ir corriendo y prácticamente pedir perdón por lo que vio. ¡Por lo que vio y no se lo contaron!

Resulta, entonces que posiblemente el Presidente haya tenido razón cuando dijo que Monseñor confundía zancudos con avionetas.

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