Debajo de las gradas (Los Tiempos, 2010)


Quería escribir sobre la curiosa pero previsible forma de pensar de nuestro flamante Alcalde (“la ciudadanía quería que tengamos la gobernabilidad, que sea una gestión fluida, sin obstáculos…”).  Si para Castellanos, gestión fluida y sin obstáculos  es contar con poder irrestricto para hacer y deshacer, el señor Alcalde se ha equivocado. Pero bueno, dejemos ahí el lapsus de la autoridad para ocuparnos de algo importante y que esperemos sí sea de interés tanto de Novillo como de Castellanos y los demás que ahora son nuestras autoridades (incluida la del futbolista secretario del Concejo): La triste realidad de las disciplinas deportivas que en medio del abandono,  la basura y la pobreza  sobreviven en el estadio Félix Capriles.

Mire cómo es la cosa: debajo de las graderías donde la población grita los goles de su equipo, debajo de esas graderías desde donde se viven espectáculos deportivos maravillosos y de los cuales la prensa comenta de lunes a lunes; allí en esos fríos, sucios y olvidados recovecos, sobrevive la ilusión de decenas de niños y jóvenes karatistas y tekondistas cochabambinos,  muchos campeones nacionales e internacionales.

Allí, en espacios improvisados por lo tanto inadecuados a los que hay que acceder pateando basura, oliendo a orín, y  pidiendo por favorcito dejen entrar a las prácticas en días de fútbol,  se desarrollan otras disciplinas deportivas que llenan de salud, integridad y compañerismo a muchos pequenos. El esfuerzo ¿sabe de quién es? de los maestros, de esos admirables profesores que con paciencia y cariño, han adaptado ese recoveco y con colchonetas, pelotas, maderas y gomas le han dado la apariencia de un gimnasio. Un bano de a balde, un cuartito de a cortina como vestidor y unas cuantas sillas destartaladas, así, en esas condiciones estos deportistas cultivan su mente y cuerpo. Puro amor propio, pura garra.

El impulso de los padres que con sus pensiones mantienen la ilusión de que sus hijos sean unos campeones o al menos pasen la adolescencia lejos del alcohol y las drogas.

Hay que ver cómo deportistas, maestros y padres se acomodan a las circunstancias. Entrar a uno de estos “gimnasios” da pena. En medio de la caca, desechos alimenticios, basura, basura por los corredores y por todas partes.  Allí, donde nisiquiera hay espacio para correr, para saltar están esos chicos que sólo quieren ser deportistas. Y allí está el profesor, haciendo de su vocación el mejor discimulo para tapar la dejadez de las autoridades y la sociedad.

Hasta cuándo vamos a permitir que se maltrate así a la niñez y juventud. Claro, es fácil decir que la juventud está extraviada, que los jóvenes no hacen nada, que beben en sus autos. Démosles pues escenarios adecuados, llenemos los barrios de canchas deportivas, mejoremos nuestros escenarios, equipemos los gimasios,  los sueldos de los profesores.

Si no es así nomás caballeros. Hay que dar para recibir, hay que sembrar para cosechar. Qué esperamos de la juventud si poco o nada hacemos por ella.

Miren los pocos escenarios deportivos que hay. Miren por ejemplo las canchas del Club Olimpic. Acaso no están llenas de niños y jóvenes. Miren estos gimnasios recovecos debajo de las graderías del Capriles, también llenos…pero en qué condiciones.

No es posible que en Bolivia el deporte que ojo no es sólo fútbol, se practique en medio de la basura en unos recovecos inventados por tres locos aficionados. No es posible señores. Nuestros deportistas se merece algo superior. Y la prensa…un mal chiste. El día que estos deportistas vean una cámara saldrán corriendo del arrebato porque pensarán que los han ido a fumigar con uno de esos aparatos negros con botoncitos.

Finalmente, me pregunto, sabrá de lo que hablo Valdivieso. Aquel que tantas tardes pateó a la pelota en el estadio, aquel que tantas veces salió triunfante de la cancha. Sabrá que debajo de esas graderías del público que lo ovacionó hay también cientos de deportistas como él que en medio de la indiferencia intentan son deportistas igual que él. Una vueltita Valdivieso, esta vez por debajo de las graderías. Una vueltita Castellanos para mirar esa otra realidad…la de debajo de las graderías desde donde muchas veces se le aplaudió.

(Después de cuatro años -2014- , todo sigue igual)

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