El señor de la esquina (diciembre, 2013)


Me provoca decir que estaba “sentadito”, ahí,  en un barandal del negocio de la esquina. Aparentaba estar tranquilo y feliz; pero transparentaba  ansiedad e inquietud, algo de nerviosismo. Sus ojos los tenía más abiertos que otras veces, su cabeza girada de un costado al otro como obedeciendo a esos radares atentos que algo o a alguien esperaban, sin duda.

Comía para pasar  la espera. Con la rapidez de la impaciencia, de pronto en pronto se llevaba algo a la boca que recibía agradecida un pedazo de ese algo que a él le ayudaba a aguantar la temida pero amorosa espera. Las pepas que comía eran testigo de su locuaz pensamiento…pensamiento ¿cuánto se puede saber de él? Nada, todo queda en la angustia de la imaginación, de la sospecha, de la especulación….eso, especulación y nada más y aunque fuera algo más con eso bastaría.

Viéndolo puedo imaginar el contenido de esa especulación. Surgen patéticas y delirantes hipótesis.

¿Qué inquieta a un hombre de casi sesenta? Me pregunto para tratar  siquiera de proponer una ridícula  hipótesis que me aproxime a la mentirosa verdad. Odio las hipótesis, en mi área son bien absurdas…los positivistas me critican por ello, yo insisto porque quizá lo mío son las preguntas, preguntas y más preguntas…algunas empíricas, otras teóricas, otras estúpidas y las más cotidianas y vulgares. El conocimiento vulgar, el que guía nuestros pasos al final de esta historia de imposturas….a la mierda la ciencia.

¿Qué espera el señor de la esquina que come y come esas pepas duras?

El tiempo no pasa o pasa demasiado rápido, pensará el señor. Y quiere estar allá con los suyos, para que lo amen, para que le dejen amar, para reconocer sus calles amables y en flor, para oler la fragancia que proviene de esa la hilera de árboles mojados por una lluvia de amor, para volver a sentir el sabor de ese pan que para él es el único pan posible. Es que allí, en ese lugar se quedó en vida y sus recuerdos le recuerdan que ése es su lugar, su ambiente, su vida…aunque esté sentado allí, en esa triste, caótica, dura e infeliz esquina.

Sí, quizá piense en lo que dejó y en lo que pronto volverá a conquistar….pero aquello es demasiado seguro para ser excitante, de hecho no lo es…le entusiasma pero no excita su ser.

Segunda hipótesis. Desde la esquina esa, el señor observa a la gente pasar. Decenas que hacen centenas que hacen miles pero no millones. No somos tantos…somos lo suficiente. Lo suficiente para distraer una mente aburrida, una mente cansada, agobiada o quizá una mente hambrienta de emociones, de pensamientos que le conecten con su cuerpo, con ese que siente, que quiere, que desea, que ama, que adora, que gusta…y la fuente de deseo, su pensamiento no quiere agotarse porque no quiere dejar de pasarle sensaciones a su materia. Sabe que su cuerpo le pide placer y gozo, le pide algo que espera…no sabe dónde ni cómo ni cuándo lo encontrará, pero él no pierde la esperanza de encontrarlo en esa esquina. No está en sus planes renunciar a nada posible, por muy imposible que sea.

Tercera hipótesis. Desde esa esquina, ve pasar todos los días a una mujer que lo trae loco…no sabe quién es, pero no le interesa, no la conoce pero no quiere hacerlo, no la visualiza pero con lo que la imagina es suficiente…suficiente imaginarla aunque cueste visualizarla, aunque no la conozca…le gusta, lo trae loco de pasión y locura, deseo y angustia. Sufre porque no la tiene, pero se reconforta imaginándola…es suficiente para su locuaz mente. Esa mujer pasa todos los días por la esquina y él, loco por ella, la imagina.

Cuando las pepas se acaban, el señor se para y se va y aunque no huele ninguna hilera de árboles hermosos, él se va en gozo, le espera una noche de imaginada fantasía.

Cuarta hipótesis. El señor de la esquina solo piensa en la naturaleza. Tiene pinta de físico, de químico, de ingeniero, de algo así, tiene pinta. Quizá le acomode un pensamiento matemático y desde la ciencia dura se cuestione sobre las  nubes y su composición, su tamaño y peso. Quizá piense en la medida de las cosas y  recuerde algunas clases de geometría. Quizá diga que tienen una dimensión extraña, ni dos ni tres, mejor 2,3….y entonces Dios tenga once dimensiones y la matemática no sea cuestión de Newton ni de Pitágoras…quizá sea de Platón y de Sócrates….y entonces el señor de la esquina se arrepienta de no haber sido filósofo…el perfil le queda.

Quinta hipótesis. Nada, la nada, quizá el señor de la esquina piensa en la nada misma…si existe, ésta está en su mente. La nada, el vacío y la oscuridad, la ausencia de tiempo y de espacio. La nada, eso que ni da lugar al orden ni al desorden, ni a la armonía ni al caos…entonces Morin sea un simple muchacho y Platón invento extraño.

La nada lo desconecta de su afán diario y desde la esquina, pensando en la nada el señor retome su vida, recargue su energía aquella que le gusta y fascina, aquella que cambia de color y que hoy es verde y que mañana será amarilla. La energía, ésa es la esquina, desde donde el señor de la esquina, pensando en la nada, se regala un poco de vida.

La especulación es parte de nuestras vidas, de la del señor, de la mía. Y mientras yo especulo sobre su vida, el señor de la esquina vive su vida…espera volver contando los días, espera a la mujer mientras la imagina, mide las costas y piensa las dimensiones de las nubes, piensa en la nada y se regala un poco de vida.

El señor de la esquina….se fue.

Anuncios

¿Quieres comentar?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s