“Manitos a la cintura” (Los Tiempos, enero 2014)


En el mundo del modelaje criollo, no hay nada más falso, morboso y antiestético que el fotógrafo le pida a la diva “manitos a la cintura”. No sé si a ella le entusiasma, pero lo hace y el retrato si imprime con la bella en pose “perfecta”.

Son tiempos de “manitos a la cintura”. A diario se observa cómo los ciudadanos, obedientes a los apetitos de quienes pretenden retratar la realidad, posamos para el efecto, y seguimos patrones falsos, morbosos y antiestéticos.

En Venezuela, una exreina de belleza es asesinada y el mundo se entera de que otras 24 mil personas también han sido asesinadas en el mismo país, en el mismo año y en similares circunstancias. Pero además, la muerte de la exreina sensibiliza a la clase política y es capaz de “juntar” a los opuestos radicales. Cosa extraordinaria que no lograron los otros 23.999 asesinados.

Al parecer y siguiendo patrones de moda, una exreina de belleza tenía que ser asesinada para que el mundo sepa que otros 2.000 venezolanos son muertos a tiros todos los meses. Los espectadores, “manitos a la cintura” y con carita triste, retrataron el asesinato de una exreina de belleza.

En Bolivia, muchos ciudadanos han colocado “manitos a la cintura” para retratar el paso del Dakar por territorio plurinacional.

No ha sido tarea difícil seducir a un grupo de 20 empresarios de la comunicación para que invite a la modelito a posar con “manitos a la cintura” y bombardearla  con propaganda que hace ver un país con un potencial turístico que nadie antes había sido capaz de descubrir.

El Dakar nos ha dicho que habíamos tenido un país hermoso, lugares verdaderamente lindos y dignos de ser descubiertos; nos ha invitado a hacer turismo y a convertirnos en turistas en nuestro propio país. Los medios de comunicación se han convertido en socios estratégicos del gobierno, de las agencias de viaje y de los circunstanciales comerciantes que han innovado de todo para poner a la venta, armando una trilogía de entusiastas patrocinadores del patriotismo, aquel necesario para ganar cualquier guerra que el enemigo ose en declarar.

Los espectadores “manitos a la cintura”, hemos retratado el magnífico paso del Dakar por Bolivia, y entonces se ha despertado en nosotros ese sentimiento tan hermoso de desbordado amor por la patria. En una semana nos hemos vuelto más bolivianos que el resto de las veces.

Esta semana, los medios masivos, impresos y televisivos, se han dedicado –además de propagandear a través del Dakar, a la historia de un perro que espera a su amo muerto hace algunos años. La historia ha trascendido las fronteras cochabambinas. Algunos medios, han dedicado una cobertura muy completa, con testimonios de terceros y algo de dramatización. Los espectadores “manitos a la cintura” hemos sido testigos de tan bella y sublime historia.

Resulta que desde hace un año aproximadamente hay una anciana que deambula día y noche en la avenida Circunvalación, a la altura del Instituto Americano. La indigente vive en plena “jardinera” que divide ambos carriles de la avenida y ningún medio se ha visto motivado a gastar si quiera medio minuto en su historia.

Los medios saben que a los espectadores -que solemos estar dispuestos a poner las “manitos a la cintura”-  nos impacta “mejor” la historia de un perro que la de una anciana indigente.

“Manitos a la cintura” y con caritas de circunstancia, listos para el retrato de una muy asquerosa realidad; inevitable en estos tiempos en los que abundan los malos fotógrafos y sobran las cada vez más vulgares modelitos.

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