Qué triste es la verdad señor Presidente (publicado en Los Tiempos)


Cuatro de la madrugada. Un ruido real o soñado me despertó. Estoy sola y es doble mi responsabilidad. Decido abrir la portátil que dejé en el piso después de una larga noche de trabajo. Reviso el gmail, entro al “Feis”, encuentro 24 conectados en la red social consoladora de soledades diurnas y nocturnas. Me voy a la página de Los Tiempos y leo las noticias: Evo espera que los periodistas digamos la verdad; me voy a Columnistas, Paulovich escribe sobre la muerte de Bakovic; continuo con el Editorial, refiere la pérdida de Bakovic.

Mi cabeza y mi corazón están en guerra, se disputan mi claridad. Mi cabeza es una vía rápida por donde circulan recuerdos, ideas y proyectos; mi corazón, crea, nutre y detiene ese tránsito. Guerra misma… y yo en medio.

Pienso en mi editor, Luis René, para quien la razón de la censura del programa  El Conversatorio, tuvo nombre y apellido: la entrevista a Bakovic. ¿O fue Filemón Escobar o quizá Cayetano Llobet? Al día siguiente llamó la dueña del canal para invitarnos a que nos despidiéramos de la teleaudiencia esa misma noche. Luis entró en crisis, no soporta “lidiar con miserias”.

La otra tarde visité a mi colega Ramón Daza R. Estaba triste, como nunca lo había visto. Ayer confirmé mis presentimientos: El desenlace de una historia de terror afectaba su momento. En un mail posterior me explicaba lo que para él había significado José María Bakovic. Sólo palabras bonitas contiene ese correo.

Asoma el sol, pero yo sigo con frío. Los pajaritos han comenzado a calentar garganta. Miro la hora en el margen inferior derecho de la pantalla del computador, 5:46. En 14 minutos sonará el despertador de mi marido y me llamará para que me levante. Los “correteos”  -ahora físicos- comenzarán en sólo unos minutos. Álvaro me despierta aunque esté de viaje, lo que no sabe es que yo no duermo cuando la otra mitad de la cama permanece tendida. Fácil de entender.

Quiero escapar. Cada vez comprendo mejor cómo funciona el sistema.

José Luis, lector de mis columnas que había sido “escribidor” de relatos y cuentos, intenta que haga ficción. Le digo que la vida real es tan compleja y fascinante como la ficción. Quizá intente “ficcionar” alguna fantasía no revelada aún porque esto de escribir sobre la realidad lastima. ¡Mierda que lo hace!

Bakovic enfrentó a 71 corruptos. Si habría sido el típico funcionario público de Caminos, hoy estaría de paseo por Europa y el Caribe, y los bolivianos tendríamos que mirar a otro lado para encontrar un referente de honradez, convicción y  valentía.

Estoy en guerra y yo en medio. Mi corazón dice que la gente es buena por naturaleza ¡cierto! los niños lo son. Mi cabeza me dice que Bakovic murió enfrentado a un sistema hecho a la medida de hombres malos.

Hombres malos, hombres malos. Miseria pura. El poder queda grande cuando se tiene el corazón pequeño y la conciencia hipotecada. Estoy en guerra.

Evo espera que yo periodista diga la verdad. Se la voy a decir (una vez más): Necesitamos con urgencia alimentarnos con el ejemplo de hombres y mujeres íntegros. Mis hijos merecen crecer en valores, señor Presidente. Lamentablemente siento que esto no es para ellos…y ellos lo saben. Santiaguito de apenas once años, ayer le decía a su tío que él quería irse de Bolivia a cualquier parte. “Mami, te mandaré pasajes para que vayas a visitarme”, me repite en esos días en los que le duele la realidad.

Qué triste es la verdad, señor Presidente.

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