!Qué tragedia! (publicado en Los Tiempos)


Debí ser arquitecta pero me dejé guiar por el amor y a los 18 decidí ponerme la soga al cuello estudiando para periodista. Ahora no sé dónde esconder mis dedos que se mueven tan rápido como mi cerebro que funciona a la velocidad de mis ojos que ven todo y que junto a mis oídos aceleran mi corazón y sacuden mi ser.

Mi conflicto es dármelas de escribana y ponerme a pensar cada semana en qué voy a inventar para el viernes. Tentada estoy de llamar a mi editor –el Luis– y decirle que tiro la toalla, que esto me destroza, que no puedo más con la realidad, que no me la puedo cargar encima…que yo sólo quería ser arquitecta.

Luis me diría que escriba cuando pueda y yo moriría porque si hay algo que me destruye es ver la realidad, pero lo que realmente acabaría conmigo sería no poderla reflexionar. El oficio de periodista de cada inicio de fin de semana, me devuelve a mi ser: curioso e insaciable, perverso y amoroso, siempre apasionado…diga usted.

Quise escribir sobre las cadenas de mando, pero terminé confundida entre la de Evo/Sacha y la de Rodríguez Veltzé/Gral. Antezana.

Quise plagiar una expresión de mi marido: “con qué derecho”, refiriéndose a que permanentemente es presa de danzarines, SEMAPA y demás tomadores de calles que deciden joder a los demás castigándolos en magníficas “trancaderas”; o a esos que son felices reventando petardos a las diez de la noche; o a los animadores de farras a quienes les pagan por impostar hasta la madrugada.

Estuve a punto de escribir sobre un país habitado por los ninguno, los “desclasados”, los que eran pero ya no son pese a la Constitución. Quise sacar ideas del editorial de PUKARA, extraordinario análisis sobre los resultados del Censo respecto a este “insignificante” temita.

Tentada estuve por los glamorosos perritos asesinos que muchos defienden pese a que atacan a niños y a señoras sin dinero para pagar sus cuentas de hospital,  “¡no seas loca! me dije, te abrirás un frente más”.

¿Alguna experiencia del Feis? Esta semana me vi envuelta en un par de foros de aquellos que siendo “peludos”, te dejan trasquilada, uno por mujer y otro por liberal, o sea liberala.

Quise comprender la compra de armas y el no a la construcción de hospitales por caros. Me sedujo la caravana del Evo para concienciar a los Alcaldes ignorantes. ¡Me perdí!

¿Y si escribo sobre el Gato vencido por la quimio? Me llegó al alma su forzada resignación. Le dije que ni pensara morirse pues tenía que seguir leyendo las estupideces que esta “doctorita” escribe. Me entusiasma la idea de regalarle esta columna porque últimamente le hago más caso al corazón que a la razón; después de todo, pensar al ritmo de los latidos nunca me ha traicionado.

Don Gatito, nada nos ha vencido mientras estemos vivos. Esta “doctorita” también tiene sus fantasmas: uno de ellos la ha transformado, le mete miedo aunque se presenta sonriente y con 25 kilos menos, le arrebata el sueño, la sentencia cuando tiene hambre pero le enseña que es más fuerte. Aquí estoy, en medio de estas letras que tratan de llegar hasta usted. Qué bueno que no fui arquitecta, habría muerto en el camino y sin habernos conocido.  ¡Qué tragedia!

Qué tragedia que la vida no te toque, qué tragedia no poder llorar con cada injusticia, qué tragedia vivir y no poder escribir, qué tragedia no disfrutar de esta posibilidad que me regala el periodismo que fue y seguirá siendo una decisión de amor.

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