Muéstrame cómo conduces y te diré…(publicado en Los Tiempos)


Despacio por el carril de la izquierda: despistado o enamorados alargando su hermoso tiempo. Zigzagueando entre ambos carriles: conductor en estado de ebriedad. Se pasa la luz roja: irresponsable, generalmente chofer de trufi. Despacio por uno de los carriles: buscador de parqueo o de numeración de casa. Demasiado despacio por ambos carriles: girará en la siguiente esquina. Extremadamente rápido: jovenzuelo principiante en auto de papá. Tocador de bocina en cada esquina: viejito frustrado y nervioso. Intentando estacionar con  las señales habidas y por haber: señora. En transporte público: clase trabajadora siempre jodida. En Peta, Brasilia u otro auto modesto: clase media siempre endeudada. En megacamioneta o 4×4 último modelo: nuevo rico. En Mercedes, Mazda o Audi: viejo rico o rico viejo (dependiendo la pinta). Y así, el tipo de coche y las formas de conducirlo, caracterizan a las personas, delatan su nivel de educación o anuncian su incursión en política.

Después de estas conclusiones empíricas, mi hipótesis queda confirmada: la educación y el respeto que viene implícito en ella, son sujetos de demostración en el volante. ¡Y caramba que nos hace falta “escuela”! Ojalá en las aulas se reflexionara sobre estos temas; pero no, se los considera materia avanzada, cuando son estos “detalles” de la cotidianidad los que a uno lo convierten en persona feliz o infeliz…aunque sea por un ratito.

Qué rabia da, por ejemplo, cuando sales de tu casa de buen humor y te ves obligado a conducir mal y de manera irresponsable porque de lo contrario, o llegas tarde a destino, te chocan o te pitea el de atrás. ¡Si pues! Si estás apurado y tomas el carril rápido, estás perdido porque la mayoría de los conductores prefieren el izquierdo para pasear. Ni se te ocurra pedir permiso haciendo juego de luces, recibirás una tosquedad que traducida a cristiano querrá decir “andate a la mierda, yo voy por donde me da la gana”.

Si manejas con todas las de la ley, es decir, si crees, por ejemplo, que por estar en rotonda tienes preferencia, es posible que salgas lastimado, pues en Bolivia, es exactamente al revés: el de la rotonda está obligado a parar para ceder el paso,  como buscando generar un espectacular cuello de botella por varios minutos donde todos saldrían perjudicados.

Y si de pronto se te ha ocurrido parar en un semáforo en rojo y no hay coche a la vista, estas jodido porque el de atrás te castigará con un buen bocinazo que traducido al boliviano quiere decir: “no seas cojudo ¿no ves que no hay nadie?”

Y si eres educado y decides frenar para que pase la señora, el niño o quien fuera, puedes convertirte en asesino intelectual porque el del otro carril, no hará lo mismo y matará la humanidad del que va pasando gracias a tu ingenuidad.

No sé qué ha sucedido (en realidad sí) que cada vez se conduce peor haciendo que manejar sea la prueba más difícil que sortear en el día a día. Todo un reto a la paciencia, a la tolerancia, a los modales con los que nos educó mamá y los que puso en duda papá, aunque mi madre era una lengua suelta en el volante; tenía razón: ¿para qué llevar frustraciones a casa cuando las puedes dejar bien ahogadas en la calle?

La individualidad, el irrespeto, la ignorancia y  la arrogancia se exhiben en el volante poniendo en riesgo la vida de inocentes. Por eso, eternamente agradecidos estaremos algunos si desde las instituciones se generan campañas de educación vial que contribuyan al proceso de cambio.

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