Mi nueva condición


Los últimos veinte años mi estómago ha dominado mi vida. Hoy mi condición de diabética domina mi estómago y todos los demás órganos.  La diabetes llegó cuando menos lo esperaba ¿quién la espera? No sé por qué razón uno siempre piensa y se auto convence de que esas cosas no son para ti, que no te afectarán, hasta que lo hacen y te pasan la factura y debes ponerte a pagar años de  irresponsabilidad, de darle rienda suelta a tus apetitos, de un tiempo dedicado a complacer estúpidas  ansiedades.

De no conocer límites en lo que comía, ahora debo pensar y repensar cada vez que lo hago. Una vecina me recomendaba que esto no atormente mi existencia, yo le explicaba que esta condición me recuerda al menos cinco veces al día que debo cuidarme. Comer cinco veces al día vigilando lo que te llevas a la boca. ¿Tiene azúcar o no, cuánta azúcar tiene, qué cantidad de carbohidrato estoy ingiriendo, cómo voy a metabolizarla, cuánto me subirá la glicemia, cuánto me la bajará si no la como?

¡Tediosa matemática  a la que te somete la muy agridulce diabetes!

Nunca antes había revisado etiquetas, compuestos e ingredientes. Ahora debo hacerlo y ¡oh, sorpresa! me encuentro con un mercado hecho para no diabéticos (así como un mundo para no zurdos; deberíamos enjuiciarlos a ambos por discriminadores).

Ahí, en medio, estamos tratando de equilibrar las desigualdades de una oferta pobre, pobrísima –al menos en nuestro país– de productos para diabéticos, pese a que el número de quienes la padecen va en aumento cada día. Equilibrio entre tu fe y tus miedos, entre tu ansiedad y los pocos consuelos, entre la ausencia de ofertas inteligentes y la creatividad a la que te obligan las desinteligencias del medio, entre la voluntad que debe imponerse y las circunstancias que acechan.

Había superado el conflicto estético hace rato, pero al mismo tiempo había descuidado lo vital, mi salud y si hay algo de qué  arrepentirme –y por eso decido confesarme- es haber subestimado mi aguante, precio alto cuando se tiene hijos pequeños y una pareja que te ama. Ellos, sin duda, no tienen  por qué sufrir el error de tu irreverencia.

Ahora leo mucho sobre diabetes, escucho otro tanto, pertenezco a un par de agrupaciones.

He aprendido lo que debí saber antes de que toque mi puerta; pero la vida funciona así, lamentablemente. Lo más importante es que ahora sé que la diabetes no es una enfermedad, es una condición de vida que te muestra un mundo de otras alternativas, ni mejores ni peores, alternativas solamente, que no es poco cuando sientes que todo es diferente y que podría ser peor…o mejor si tú así lo quieres.

La que fuera mi peor enemiga, hoy es mi mejor aliada. Tuvo que ponerse disfraz de fea para hacerse notar. Me hizo dar miedo, me advirtió con sacarme del juego antes de tiempo, me amenazó con quitarme lo que más quiero, me agarró a sopapos para luego abrazarme y decirme que me quiere. Y aquí estoy disfrutando de esta nueva condición gracias a ella, mi voluntad. Simple y sencilla voluntad toda poderosa…había tenido nombre y apellido, había tenido razón de existir, había sido yo su propiedad. Ella domina ahora mi existencia.

Han pasado seis meses de aquella noticia que se anunciaba con descomunal sed, visión borrosa, calambres y estrepitosa pérdida de peso (hasta la fecha 26 kilos).  Seis meses de un continuo aprendizaje sobre lo verdaderamente esencial. Seis meses de disfrutar mi nueva condición, mi nueva vida, mi otra oportunidad de ser….que no deja sin embargo-  de aterrar y frustrar mis circunstanciales deseos.

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Un comentario en “Mi nueva condición

  1. Dayana

    Moni, amiga, es una de las mejores descripciones que pude leer sobre aquella que llamas nuestra “voluntad”…., tan sencilla y sin “maquillaje” que me quedo completamente claro lo que todos los días intento ignorar….!!!, te agradezco de todo corazón por compartirme tus pedacitos de experiencia de vida y te aseguro que intentare seguir tu ejemplo desde este momento…. Muchas gracias!!!

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