La vitalidad de la columna (publicado en Los Tiempos)


Los Tiempos me invita a escribir sobre el periódico a propósito de su 70 Aniversario. Me niego, pero no del todo; entre halagos y críticas perdería la objetividad que el caso amerita y eso no le hace honor al medio viniendo de una columnista sin pelos en la lengua malacostumbrada a huir del equilibrio periodístico.

Pero tampoco dejaré pasar la oportunidad para, en ese mi habitual desequilibrio -permitido únicamente en el periodismo de opinión-, referirme a la vitalidad de la columna, de ésta y de las demás que usted lee todos los días en Puntos de Vista con la intención de “desenredar” la complejidad que subyace al hecho informativo y a sus protagonistas, y que encuentra sosiego en la columna de opinión.

Así como la columna vertebral se constituye en aquello que nos permite caminar, mantenernos erguidos y tener sensibilidad en nuestras extremidades, la columna de opinión le otorga a un medio escrito similar vitalidad.

Sí, las columnas son vitales para un periódico, constituyen sus órganos, sus sentidos. Son sus ojos, sus oídos, su voz y sus pasos, su corazón y su cerebro permitiéndole ver y observar, escuchar y oír, andar y avanzar, sentir y reflexionar.

Más allá de esa anatomía frívola que es la noticia, la columna de opinión es la parte tibia, la que sin quemarlo, le otorga vida y sentido al cuerpo. La columna de opinión orienta, guía, ofrece un punto de vista y otro, replantea el hecho, lo cuestiona e interpela, hurga en la realidad, la desnuda e intenta vestir una verdad.

Cuando el columnista se aproxima al análisis e intenta una opinión, se acerca de una u otra forma  a la verdad que es su verdad, sin duda, pero que puede ser compartida con el lector y, aunque no fuera así, no deja de significar una oportunidad para obtener una “ganancia”, la misma que radica en la posibilidad de involucrarse en ese siempre saludable y necesario pluralismo de ideas que habla muy bien de cuánto valora un medio de comunicación la libertad de pensamiento y de expresión que le rinden honores a la libertad de prensa, esa que no es más que la libertad de todos.

Percibo y evidencio que cada vez son más los lectores seducidos por la vitalidad de la columna de opinión con la cual Los Tiempos se permite hace 70 años recorrer -con paso firme y orgulloso- el camino del respeto a la libertad.

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