La sabiduría de la Severina


Sabía que estaba estudiando Medicina pero aun así me emocioné cuando la vi. Me mandaron al consultorio 5, aguardé mi turno y una “doctorita” con su uniforme blanco me hizo pasar; apenas entré me abrazó y me dijo “soy Angélica, la hija de la Severina”.

No puedo describir lo que en ese momento sentí, pero sí puedo confesar que hasta ahora mis ojos tienen ganas de llorar.

Yo tendría 6 o 7 años, mi hermana Pilar unos 4. Mis papás se iban a trabajar y nos dejaban a cargo de la Seve. Tenía dos gruesas trenzas que los domingos soltaba luciendo un cabello negro hermoso que abrazaba su cintura. Temprano, en bicicleta, llegaba José Luis, se dedicaba a hacer tortas…y a enamorar a la Seve.

Se la robó y se casaron. Se llevó a nuestra amiga, a nuestra compañera de juego y risas; éramos tres traviesas las que quedábamos aquellas tardes en las que nuestra única preocupación era inventar un motivo para pasarla bien.

Perdieron a su primer hijo. Tienen 4 mujeres y un varón. Nos nombraron padrinos de Luisa, la tercera.

Cuando vencemos la ingratitud del correteo diario, los visitamos para saber cómo están. La Seve se ha dedicado a educar a sus hijos y se ayuda con la venta de confites en la Av. Heroínas. José Luis sigue en el negocio de las tortas aunque ahora solo hace rosas de pastillaje porque la diabetes y otras complicaciones de su enfermedad ya no le permiten demasiada amistad con el azúcar.

Angélica es médico y trabaja en un centro privado; la que le sigue también es médico y  docente universitaria; Luisa, la ahijada, está en cuarto año de Medicina; el varón será Ingeniero y la menor aún está en la escuela.

Debo confesar que esta historia es para mí un ejemplo de vida; encierra tantas lecciones que me estremecen cuando las pienso siquiera un poco.

Una bicicleta, un oficio y mucho amor era todo lo que tenían ese par de enamorados hace 34 años…pero no necesitaron más para encontrar la felicidad y la plenitud de la vida. Hoy, se siguen amando, se cuidan uno al otro y ven a sus hijos realizarse, demasiado conscientes de su realidad y dispuestos a superarla…lo han logrado, han optado por una de las profesiones más largas, costosas  y exigentes.

¿Su secreto? ¡Yo quiero descubrirlo e imitarlo! Yo quiero tener la sabiduría de la Seve para educar a mis hijos, para que valoren nuestro esfuerzo, para que sepan que la vida no es fácil, que hay que ganársela, que todo se puede si uno se lo propone. Confieso, mucha lección para mí.

Dinero, comodidades, juguetes, tecnología, dormitorio con baño privado y walk – in closet, padres con postgrados y pega, influencias, círculos acomodados, abuelos dispuestos, negocio heredado, viajes a Punta Cana, Miami y Europa…!a la mierda!

¿Cuál es tu sabiduría Seve? Un matrimonio estable, un marido presente, una esposa a su lado, los pies en la tierra, esfuerzo y lucha, trabajo honrado, fe y entrega, compromiso y dedicación, comunicación, amor, convicción ¿quizá, Seve?

Tu sabiduría de madre, tu cabello largo, tu sonrisa linda, tu alegría pese a las penas, y la decisión que tomaste de marcharte en esa bicicleta negra con tu amor, me llenan de sana envidia y me enseñan no sabes cuánto.

Mañana sábado tomaremos té y espero que me cuentes el secreto de tu sabiduría…tomaré nota, escucharé cada palabra y te miraré atenta…quiero saber y aprender de ti, sin duda, sin duda Seve.

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