La fortuna de José María Bakovic


Contadas con los dedos de una mano fueron las veces que saludé a don José María Bakovic cuyo corazón recientemente dejó de latir abatido por la pena y el cansancio de una lucha que no fue vana, no pudo serlo.

Pese a que prácticamente nunca conversé con él, puedo decir que sí lo conocí…a través de tres de sus cuatro hijos, y en esta oportunidad me voy a permitir relatar algunos pasajes que de ninguna manera son intrascendentes porque hablan de la millonaria fortuna de un hombre que dicen que fue de sentir y accionar intachables.

De Tonchy, conozco más de lo que debería. Sé por ejemplo que es poseedor de una inteligencia asombrosa. Uno de sus profesores de colegio le puso a su hijo el mismo nombre por la admiración que sentía por su estudiante Tonchy Bakovic.

Me enteré que un día se molestó en extremo cuando mi esposo tocó la bocina en el barrio en el que él vivía: ¡No puedes hacer eso, los vecinos se molestan!, “zarandeó” al amigo de la infancia.

Luego lo conocería mejor en su papel de esposo y padre: de “mi esposita” siempre llamó a su joven compañera; al son de Elvis Presley paseaba a su hijo en brazos para que pudiera conciliar el sueño.

De mente sagaz y lenguaje claro, Tonchy posee además una inteligencia emocional que conquista. Llegó a mi casa con chocolates para mis hijos quienes de inmediato se llevaron al hombre de casi dos metros a sus piezas. Raro el adulto que es capaz de comunicarse con tanta naturalidad con niños y adolescentes, él supo hacerlo.

Había que ver la alegría que sintió de estar en la casa de su amigo de toda la vida, se lo hizo saber sin miedo, sin envidia, sin limitaciones.

Katica. Profesora y directora de ciclo de mi segundo hijo. Con vocación de educadora –tenía experiencia con sus hijos (galardonados como estudiantes destacados), asumió la responsabilidad de educar a los hijos de otros.

Recuerdo un par de charlas en la dirección del colegio; me fascinaba hablar con ella porque dejaba transparentar su inmensa calidad humana. Mucho tino para encarar los conflictos del diario y mucho más para resolver los problemas difíciles. Le preocupaba los valores con los que se formaban sus estudiantes.

Con ese empeño, vocación y carisma, Katica fue ascendiendo en su carrera accidental que de pronto siempre debió ser la suya…tendría que haberlo sido desde que nació.

Angelita. También con vocación de maestra. Fue la primera profesora que tuvo mi hijo Fabio, el menor.

Responsable y considerada. Justa, diría yo. Una mujer tranquila, algo seria pero buena persona. Le dolía la violencia que veía en niños de pre escolar y era su eterna preocupación. Hoy sigue de maestra, no podía ser de otra forma a pesar del título de Ingeniera.

A Jordi lo recuerdo en jean y botas a cargo de la lechería de la familia. Pocas veces lo vi, pero me pareció poseedor de una sonrisa siempre franca y amable.

Los cuatro hijos no fueron las únicas joyas de don José María Bakovic. Su compañera, siempre a su lado. Me pareció amorosa y simpática, la madre perfecta, la esposa ideal. Lucía -los últimos años- una fortaleza característica de la mujer inteligente y entregada que sabe que si ella está bien o al menos lo demuestra, todo lo demás estará bien.

Don José María Bakovic le dijo al papa Francisco en una carta que le envió no hace mucho que no soportaba ver el dolor de su familia, en especial el de su esposa. Debió ser duro para una familia mal acostumbrada a ese trato.

José María Bakovic no era político, mal pudo aguantar tanto abuso de poder.

Recuerdo el templo del Hospicio repleto, amigos, conocidos y desconocidos rezaban por su liberación. ¿Sería hace unos siete años o más cuando toda esta historia de pena recién comenzaba? La primera víctima política del régimen actual. Claro que lo fue.

“No lo lograron”, me dijo mi esposo con lágrimas en los ojos. Decidió entregarse a la justicia divina, la justicia en la que también creía, porque después de tanto, después de todo, José María Bakovic, nunca dejó de creer en su país, incluida la Ley y su administración.

Qué fácil es conocer a un hombre por lo mejor que hizo, sus hijos. Conocer a Katica, a Tonchy, a Jordi y a Angelita ha sido todo un privilegio, ellos fueron la fortuna de un hombre bueno que hoy descansa por fin en paz.

 

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