Esencia no lleva tilde (publicado en Los Tiempos)


Esencia no lleva tilde porque la regla así lo dicta. Porque no la necesita. Porque el concepto es, en sí mismo, supremo y no requiere adornos ni entonaciones ni fuerzas adicionales. La esencia es esencia y ahí se acaba…cuando todo comienza.

“No estás hecho para asustar”, le repetían a Mike Wazowzki, el monstruo protagonista de Monsters University. Le faltaba tamaño, fealdad; le faltaba parecerse (más) a un monstruo. Parecer algo que él era y que, además, deseaba con toda su “insignificante” humanidad. Pero, según la academia, no podía ser por falta de parecer.

Disfruté tanto la parodia como disfruto otro tanto la impostura de las personas que insisten en ponerle acento a la esencia disfrazándola de cosa extraña, como queriendo darle mayor jerarquía, como reinventando el significado y el significante, haciéndonos creer que la esencia es una para ellos y otra para los demás ¡Asqueroso! (palabra que tampoco es necesario acentuar).

Es que parece nomás que vivimos tiempos en los que es más importante parecer que ser.

Si eres una dama debes también actuar, vestir y hablar como tal. Las damas no pueden ser huachafas, despeinadas, hippies, románticas o revolucionarias. Pero, por otro lado,  la prensa hoy llama dama a la universitaria que “ofrece” sus “senos grandes, nalgas firmes y full anal”, y damita de compañía a la que elegantemente hace lo mismo.

Esta semana recibí una propuesta muy acentuada que decía: “Bella y sexyyyy dama: ¿podemos ser amiguitos por el Feis? Porfaaaaa”.

Son los efectos del acento que se le ha puesto a un término esencial.

¡Esto de los acentos! “La regla dice que las palabras en mayúscula se acentúan, y tú no lo has hecho”, le dijo un tribunal a un postulante a licenciado en Ingeniería de Sistemas. Evidentemente, el joven no las acentuó, tampoco escribió el grado académico de su tutor en la carátula y tenía algún horror ortográfico en la fundamentación teórica. La cereza: no supo responder si la Observación es un método o una técnica (cuando esto depende del autor del librito de Metodología).

El candidato se quedó como candidato. Le pusieron mala nota y reprobó. En esencia, debió disfrutar la escena del crimen, pues él y los no acentuados, saben que en cualquier compañía de desarrollo de software, le pagarían cientos de miles de dólares por su ingenio. Y nosotros, tratando de adornar su esencia con tildes. ¡Absurdo! (palabra que tampoco hace falta acentuar).

Es como llegar muerto de la risa a una cita con media hora de retraso. Lo esencial del mensaje es que me importas un carajo y por eso te hago esperar, que no tengo un poco de decoro personal, que me criaron así, o que tú, en síntesis, no eres importante para mí.

Es como pegar el grito al cielo por mi vocabulario. “Es una grosera” Evidente ¿y qué? ¿Eso me hace menos dama? ¿Dama de diccionario, dama de prensa o dama de esencia?

Es como pegar otro grito al cielo por la chompa a rayas de Evo, o por los sacos de diseñadora del mismo personaje. ¿Cambió la percha? ¿Cambió la esencia? ¿Fue necesario acentuarla con una chompita a rayas o con un dos piezas de atelier con dejito francés?

Es como el cero que trajo mi hijo en Valores porque no saber el concepto de amor. O por el segundo cero por no hacerle márgenes a la hoja, o por el tercer cero por olvidar hacer la carátula. ¡Huevadas! (que tampoco se acentúa).

Dejémonos de acentos. Esencia jamás lleva tilde, porque no es ni más ni menos, es esencia.

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