De úteros e imperios peligrosos (publicado en Los Tiempos)


imagesCAL56Z74Yo creía que el problema de ponernos histéricas y lloronas durante “esos días”, no trascendía las cuatro paredes de la casa. Los rusos –gente inteligente– aseguran que las mujeres somos un “peligro para la sociedad” cuando estamos con nuestro período.

En Moscú, se analiza la posibilidad de retirar del ámbito laboral a las mujeres durante los días que menstrúan porque, dicen, la “mayoría experimenta malestar psicológico y físico (…) el dolor fuerte induce a un incremento de la fatiga, reduce la memoria y la capacidad de trabajo y conduce a expresiones de malestar emocional”, ha dicho el alcalde de Moscú Mijail Degtyarev.  En términos más exactos: somos menos productivas y más jodidas.

Pero hay más con nosotras. También en Bolivia se debate la posibilidad de legalizar la práctica del aborto. Como no es de esperarse, hay quienes la apoyan incluso haciendo gala de los peores argumentos: “Es lo más práctico”, me dijo una mujer en un foro del Facebook.

Me puse a pensar en la mala calidad de mi aspiradora, aparatejo que fue vendido como el mejorcito del mercado y que resultó ser la cosa más ordinaria del mundo. Pero no tengo derecho a reclamo pues debo comprender que hoy la industria produce artefactos descartables.

Ahí está el negocio y en medio de los billetes vamos construyendo paradigmas del terror. Que si salimos embarazadas ¡Oh, sorpresa!, lo más práctico es tirar a la basura el producto que fastidia, que avergüenza, que arruina nuestro futuro. Y se escucha de todo: “No tienen vida”, “luego los abandonan y sufren”, “ridículas posturas Católicas”, “defienden el machismo”.

Abortemos lo descartable porque somos prácticas, inteligentes y feministas ¡carajo! Finalmente,  se trata del producto de una noche de lujuria que hizo de nosotras y de ellos -de ellos, repito-  seres de hormonas y placer.

Y las menores que cargan con uno o más abortos, tendrán que ir bien bañaditas  a la escuela, con el uniforme blanco y los zapatitos lustrados; ellos, ojalá aseaditos también para quitarse el olor a semen asesino.

A la sociedad le interesa un pito que las mujeres tengamos la mente, el corazón y el útero heridos con un aborto legal. A la sociedad le interesa que las mujeres no jodamos y que seamos prácticas y productivas… en términos económicos, claro está.

Disculpen…debo confesar que estoy en esos días en los que es mejor no salir de la cocina. Pero, para el fastidio suyo, mi cocina es mi escritorio y el teclado de mi computadora me seduce y me obliga a ponerle los dedos encima para sobrevivir a mi histérica humanidad de tres días.

Ayer tuve que salir (pese a las advertencias de los rusos que creo tienen razón).  Mi pobre marido y yo casi morimos en el intento de tener que soportar la magnífica, casi imperialista “trancadera” que provocó el cierre del puente de La Recoleta.

La Policía (que estrena sombreros de ala ancha estilo guardia norteamericana), resguarda la seguridad de cientos de antiimperialistas llegados a hotel cinco estrellas en movilidades de lujo con vidrios oscuros a beber agua embotellada y a comer de buffet.

Yo, que estoy en mis días de peligro para la sociedad, me puse a pensar en que si hay algo que debemos abortar es el abuso de poder, ese poder con el que se financian reuniones, leyes, discursos y figuras.

Habrá que tomarle la palabra a los rusos y convocar a un congreso de mujeres en regla para decirle al mundo que la moral, la ética, la responsabilidad, el respeto, la cordura y sensatez no son artefactos… y mucho menos descartables.

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